El impacto de los antibióticos en la microbiota

antibióticos

Hace unos meses, mi sobrino pequeño tuvo una infección bastante fuerte y le recetaron antibióticos. Hasta ahí todo normal, lo que no fue tan normal fue cómo cambió su cuerpo después: diarreas, bajada de defensas, llagas en la boca y hasta un par de resfriados seguidos. Me sonaba todo eso, pero no le había dado mucha importancia hasta que la pediatra nos explicó algo que yo, sinceramente, no sabía: los antibióticos no solo matan las bacterias malas, también afectan a las buenas, esas que viven dentro de nosotros y que forman parte de lo que se llama microbiota.

Ahí me picó la curiosidad. Me puse a investigar, leer estudios, preguntar a farmacéuticos y pediatras… y lo que encontré me pareció tan importante, que decidí escribir este artículo. Porque todos conocemos los antibióticos, pero pocos sabemos lo que hacen más allá de curarnos una infección. Y, sobre todo, muy poca gente sabe que hay medicamentos especializados que ayudan a proteger y restaurar la microbiota durante y después del tratamiento antibiótico. Yo tampoco lo sabía, pero ahora sí. Y quiero contártelo todo.

 

¿Qué es la microbiota?

Empiezo por el principio. La microbiota es el conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, virus…) que viven en distintas partes de nuestro cuerpo. Las más conocidas son:

  • La microbiota intestinal, que es la más numerosa y estudiada.
  • La microbiota orofaríngea, que vive en la boca y la garganta.
  • También hay microbiota en la piel, en los pulmones, en la vagina…

Lo curioso es que, aunque nos suene raro, estos bichitos son buenos. De hecho, los necesitamos para vivir. Ayudan a digerir los alimentos, a producir ciertas vitaminas, a entrenar el sistema inmune, a protegernos de infecciones, a mantener la piel sana… Y no son cuatro gatos: en nuestro cuerpo hay más células de microbiota que humanas. Vivimos en simbiosis con ellos.

Cuando todo está en equilibrio, genial. Pero si algo lo altera, vienen los problemas. Y una de las cosas que más altera la microbiota son, precisamente, los antibióticos.

 

¿Cómo afectan los antibióticos a la microbiota?

Desde Probactis, que trabajan proporcionando a sus clientes una amplia gama de probióticos y enzimas para niños y adultos que contribuye al equilibrio de las distintas microbiotas del cuerpo, promoviendo el bienestar general y el funcionamiento normal del sistema digestivo, respiratorio e inmunitario, nos explican que “los antibióticos son medicamentos que matan o inhiben bacterias. Eso está muy bien cuando tienes una infección bacteriana, pero el problema es que no distinguen entre bacterias buenas y malas, arrasa con todo, bacterias buenas y malas, y eso afecta a nuestra microbiota”.

En el caso de mi sobrino, los antibióticos mataron las bacterias que le estaban causando la infección, pero también dañaron su microbiota intestinal. El resultado fue una diarrea que duró días y que no tenía que ver con un virus, sino con ese desequilibrio. En adultos también pasa, pero en los niños se nota más porque tienen una microbiota más inmadura y menos resistente.

También puede alterarse la microbiota de la boca y la garganta. De hecho, hay muchos niños (y adultos) que tras un tratamiento antibiótico acaban con aftas, candidiasis oral o dolor de garganta, no por una nueva infección, sino porque su microbiota orofaríngea se ha quedado desprotegida.

En adultos, además, he leído que los antibióticos pueden empeorar problemas digestivos crónicos, aumentar el riesgo de infecciones vaginales o incluso alterar el estado de ánimo. No porque los antibióticos sean malos en sí, sino porque rompen un equilibrio que tarda tiempo en recuperarse.

 

¿Se recupera la microbiota sola?

Depende. En personas sanas y con una dieta equilibrada, la microbiota puede tardar semanas o meses en volver a su estado anterior. Pero no siempre lo consigue del todo, y durante ese tiempo, estamos más expuestos a infecciones, trastornos digestivos, inflamación… Lo curioso (y preocupante) es que el uso repetido de antibióticos puede provocar cambios duraderos en la microbiota, sobre todo si no se hace nada para protegerla.

Además, también tienes que tener en cuenta que, usarlos a menudo, puede hacer que cojamos resistencia a esos antibióticos y dejen de hacernos el mismo efecto que antes.

Y aquí viene lo interesante: hay formas de cuidar la microbiota durante y después del uso de antibióticos, y no solo con yogures o probióticos de supermercado, sino con medicamentos que han sido desarrollados específicamente para eso.

 

Medicamentos que protegen y restauran la microbiota

Existen medicamentos, en farmacias y que ofrecen empresas profesionales, que ayudan a proteger y restablecer el equilibrio de la microbiota intestinal y orofaríngea.

Están formulados con cepas bacterianas vivas (probióticos) que han sido estudiadas específicamente por su capacidad para resistir al antibiótico, colonizar el intestino o la boca y reducir los efectos secundarios.

Algunos ejemplos de lo que descubrí:

 

Para la microbiota intestinal:

  • Hay probióticos específicos que se pueden tomar al mismo tiempo que los antibióticos, siempre dejando unas horas de separación. Estas cepas ayudan a mantener la barrera intestinal, a reducir la inflamación y a prevenir diarreas asociadas a los antibióticos. No todos los probióticos valen: tienen que ser cepas resistentes y bien estudiadas, como Saccharomyces boulardii, Lactobacillus rhamnosus GG, entre otras.
  • También existen simbióticos, que combinan probióticos (bacterias) con prebióticos (su alimento). Algunos medicamentos en esta categoría ayudan a repoblar la flora intestinal más rápido y con mejores resultados.

 

Para la microbiota orofaríngea:

  • Hay preparados en forma de comprimidos para chupar o sobres, que contienen cepas vivas que restauran el equilibrio bacteriano en la garganta y la boca. Por ejemplo, Streptococcus salivarius K12 es una cepa que forma parte de la microbiota orofaríngea sana y que ayuda a prevenir infecciones de garganta, llagas, mal aliento e incluso otitis.
  • En niños, sobre todo si han tenido muchas anginas o infecciones de oído, este tipo de probióticos orales pueden ser una maravilla.

Lo importante es saber que no todos los productos que dicen tener probióticos son iguales. Algunos son simplemente complementos alimenticios que pueden ayudar, sí, pero no tienen la eficacia ni la resistencia que se necesita cuando estás tomando antibióticos. Por eso es mejor preguntar en la farmacia o al médico por medicamentos probióticos que realmente estén indicados para ese uso.

 

¿Y la dieta? ¿Ayuda?

La alimentación juega un papel clave en el equilibrio de la microbiota. Después de un tratamiento con antibióticos, es muy importante comer alimentos ricos en fibra, vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales… Todo eso alimenta a las bacterias buenas y ayuda a que se repongan.

También es bueno tomar alimentos fermentados como yogur natural, kéfir, chucrut o kombucha (aunque este último con moderación si hay niños o problemas digestivos). Pero ojo: la dieta ayuda a largo plazo, no sustituye los medicamentos cuando hay un desequilibrio fuerte o cuando estás en medio de un tratamiento antibiótico.

O sea, que dieta + probióticos adecuados = combinación ideal.

 

¿Hay que tomar siempre probióticos con los antibióticos?

No es obligatorio, pero sí muy recomendable, sobre todo en niños, personas mayores, personas inmunodeprimidas o personas que han tenido problemas digestivos tras otros tratamientos.

En nuestro caso, si lo hubiéramos sabido antes, mi sobrino se habría ahorrado varios días de diarrea y malestar. Desde entonces, cada vez que alguien de la familia necesita antibióticos, ya sabemos lo que hay que hacer: preguntar en la farmacia por un probiótico adecuado y empezar a tomarlo cuanto antes (dejando unas dos o tres horas de separación con el antibiótico).

También hay que decir que no todos los médicos lo mencionan, no por mala fe, sino porque todavía no está totalmente integrado en la práctica clínica. Pero cada vez hay más estudios y más profesionales que lo recomiendan.

 

¿Puede ser peligroso tomar probióticos?

En general, no. Son muy seguros y bien tolerados. Hay algunas excepciones en personas con enfermedades graves del sistema inmune, pero en la mayoría de los casos los efectos secundarios son rarísimos.

Eso sí, como decía antes, no todo lo que lleva la etiqueta de “probiótico” es igual. Por eso es mejor optar por medicamentos que han pasado controles y que tienen cepas concretas, bien identificadas, con evidencia científica detrás.

 

Entonces, ¿Qué aprendí?

Aprendí que los antibióticos son necesarios, pero que no se deben tomar a la ligera. Y que, si los tomamos, hay formas de cuidar nuestra microbiota para evitar efectos secundarios y proteger nuestra salud a medio y largo plazo.

Gracias a todo lo que descubrí por mi sobrino, ahora entiendo por qué me pasaba lo mismo de adulta cuando tomaba antibióticos: digestiones lentas, malestar, bajadas de defensas. Y también entiendo por qué algunos niños tienen infecciones de garganta una detrás de otra: su microbiota no se ha recuperado del todo.

Ahora, cuando alguien cercano tiene que tomar antibióticos, ya lo tengo claro:

  1. Dieta rica en fibra, frutas y vegetales.
  2. Probióticos adecuados durante y después del tratamiento.
  3. Evitar el uso innecesario de antibióticos.
  4. Reforzar también la microbiota de la boca y garganta, si hace falta.

Y, sobre todo, hablar con el médico o farmacéutico. La información está ahí, solo hay que saber pedirla.

 

Si has llegado hasta aquí, espero que te haya servido para entender mejor este tema

No se trata de demonizar los antibióticos (nos salvan la vida), sino de usarlos bien y proteger todo lo que pueden alterar. Porque al final, cuidar nuestra microbiota es también cuidar nuestra salud a todos los niveles.

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